jueves, 15 de marzo de 2012

Dolor en el teatro

El teatro pierde a Germán Mendieta

El histrión falleció el domingo a los 51 años en Punto Fijo, estado Falcón.

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Mendieta (izquierda) junto a Erich Wildpret en la obra "La casa quemada" NICOLA ROCCO/ARCHIVO
ÁNGEL RICARDO GÓMEZ | EL UNIVERSAL
martes 13 de marzo de 2012 12:00 AM

Eusebio partió al encuentro de Floreal. Quizás cansado de tanto campo de concentración y tanta guerra absurda. Quizás la muerte saltó de las tablas a las butacas... o viceversa ¿Quién sabe? Por lo pronto, los personajes de Trastos viejos, de Javier Vidal, quedan como un buen recuerdo a cargo de sus actores originales: Francisco Alfaro (Floreal), fallecido en julio de 2011, y Germán Mendieta (Eusebio), quien se fue el domingo.

El próximo 30 de marzo cumpliría 52 años. Germán Mendieta nació en Punto Fijo, estado Falcón, tierra que lo llamó para su último aliento.

Mendieta formó parte de la plantilla de actores del recién fundado grupo Theja de José Simón Escalona. Javier Vidal recuerda aquella época: "Yo lo conocí desde su primer trabajo en 1979, con la obra infantil Amigo sol, amiga luna (Carmelo Castro). Comencé con él, hicimos Salomé (Escalona) y en El otro de Unamuno, compartíamos personaje".

Es legendaria la disputa que hubo entre el Theja de Escalona y el Rajatabla de Carlos Giménez por el actor, que ya comenzaba a brillar con luz propia, tras una década en la primera compañía. "Recuerdo que fui furibundo a Rajatabla cuando me enteré de que nos habían quitado a Germán, claro, nosotros no teníamos la capacidad económica para pagarle", narra Vidal.

La hora de Germán Mendieta llegaría, sin embargo, cuando muere el actor José "Pepe" Tejera (1992), y debe sustituirlo en El coronel no tiene quién le escriba, y logra el que, para algunos, ha sido su papel más importante. De hecho, obtuvo el Premio Municipal de Teatro, por su interpretación del coronel en 1996.

"Creo que fue el rol más emblemático de los últimos 20 años", afirma Vidal. José Domínguez, en cambio, se queda con el Dalí que logró en Buñuel, Lorca y Dalí de Alfonso Plou.

La amistad de Domínguez y Mendieta inició cuando el segundo estaba en Theja y el primero en la compañía Auto Teatro de Vidal.

"Éramos unos muchachos llenos de vida y pasión por el teatro, además pertenecíamos a dos grupos de teatro de vanguardia", cuenta Domínguez, al tiempo que habla de la importancia de la obra de Rodolfo Santana en la vida de Mendieta. "Cuando él llega a Caracas trabaja en Nuestro padre Drácula de Santana; cuando sale de Theja, yo lo llamo para que actúe en Primer día de resurrección, del mismo autor, y Giménez lo recluta; y luego coincidimos en Rajatabla con otra pieza de Santana, Juego de bolas".

Vidal hace alusión a la entereza que tuvo Germán Mendieta cuando le tocó estar preso siendo inocente. "Él tuvo una vida muy dura, pero lo fue compensando con la soledad. Por los años 80 lo acusan de un crimen que no cometió, no tenía para el abogado y le tocó pagar condena por dos años en el retén de la Planta. Otro se hubiera perdido, pero él con mucha voluntad volvió al teatro".

El autor de Trastos viejos se queda con el Mendieta disciplinado y apasionado por el gran teatro. "Él generó esa disciplina casi militar en Theja, en cuanto a los horarios, el respeto a la escena y en ese idolatrar al texto y al espectador. Fue un gran compañero de camerino. Hicimos muchos trabajos juntos".

Domínguez, por su parte, valora al Mendieta entregado a todos sus personajes. "Aparte de su sensibilidad, era muy estudioso; me atormentaba, podía llamarme en la madrugada para pedirme información, no se tomaba ningún papel a la ligera. En lo personal, fue como un hermano para mí, nuestros hijos crecieron juntos, yo vi crecer a su hija, y viceversa, tuvimos peleas, nos respetamos...".

Muchos recuerdan su frase del comercial de televisión: "Este es el plátano más bonito que he cosechado". Pero definitivamente, fue mucho más que eso...